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Chilenos viven en estado de alerta

04 de Marzo de 2010, 08:09

Un nuevo sismo de 5,8 en la escala de Richter se sintió ayer en la ciudad de Concepción (al centro sur de Chile), lo que produjo temor en la población. A esto se sumó una posible alerta de tsunami generada por las autoridades, que luego fue desmentida por la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi).
Luego de que las autoridades locales emitieran una alerta de tsunami para Concepción, Valparaíso y Talcahuano, voceros de la Onemi indicaron en rueda de prensa que la magnitud del sismo no fue lo suficiente para generar grandes olas que amenacen la zona costera de Chile.

Según las autoridades, el sismo tuvo su epicentro a 42 km al noroeste de la ciudad de Concepción.
Entre tanto, el número oficial de muertos por el terremoto y el tsunami que asolaron a Chile el sábado pasado se elevó de 795 a 799, informó este miércoles la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi).
En la región del Maule, al sur de Santiago, fallecieron 587 personas, en tanto que el reporte de víctimas mortales alcanza a 92 en Biobío, 48 en O’Higgins, 38 en la región Metropolitana, 20 en Valparaíso y 14 en la Araucanía.

DAÑOS EN LA PRODUCCIÓN
La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, dijo este miércoles que son muy extendidos los daños causados en la actividad económica por el sismo y el tsunami que el sábado pasado dejaron casi 800 personas muertas, y reconoció que “las tareas de reconstrucción serán enormes”.
La mandataria mencionó que el importante puerto de Huachipato “quedó inutilizable” mientras que “la agricultura, el comercio y el turismo fueron sectores duramente golpeados, en el borde costero del Maule y Biobío (regiones del centro-sur), así como la minería, la industria y la construcción”.
“El servicio ferroviario no está operando, algunas empresas tampoco, como la siderúrgica Huachipato, por los graves daños”, agregó.
Mencionó también parálisis en plantas madereras y pesqueras.

En su alocución en el Palacio presidencial afirmó que “es el momento de ponerse de pie y reconstruir las zonas devastadas”.
Bachelet dijo que “primero debemos atender la emergencia y ocuparnos del drama que viven miles de familias por haber perdido todo lo material, incluso sus seres queridos y que no se sume el drama de la cesantía (desempleo)”. “No tengo dudas de que más allá de todas las iniciativas que este gobierno y el futuro gobierno (de Sebastián Piñera que asume el 11 de marzo) tengan al respecto, el sector privado afrontará el compromiso”, indicó.

Sobre los pillajes al sur de Santiago, bajo toque de queda, dijo que “no vamos a tolerar que se aprovechen con saqueos”.
“Nadie puede argumentar que llevarse un televisor plasma o un refrigerador es un acto de supervivencia. Es vandalismo y delincuencia”, indicó sobre los incidentes de lunes y martes que obligaron a movilizar a 14.000 militares.
Exhortó a su país a resurgir de las ruinas del terremoto, uno de los mayores de la historia que asoló al país sudamericano el sábado pasado.
“Trabajaremos para que el país surja de las ruinas”, aseveró la mandataria. Casi 800 personas murieron, según datos aún provisionales, por el sismo de 8,8 grados y el maremoto que provocó en la región centro-sur, con dos millones de personas damnificadas sobre una población total de 16 millones.

LA MARINA, EN LA POLÉMICA
A cinco días de la catástrofe, las autoridades chilenas enfrentan una aguda polémica por el descarte temprano del arrasador tsunami que asoló a una amplia zona costera y causó la mayoría de los casi 800 muertos que deja hasta ahora la tragedia.
La presidenta Bachelet, la Marina y la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi) están al centro de la polémica, por una serie de órdenes y contraórdenes emanadas tras el potente terremoto y que significaron un descarte temprano de la alerta del tsunami que devastó varios pueblos costeros.
El sismo se registró a las 03.34 locales (06.34 GMT) del sábado, en cercanías de la ciudad de Concepción, unos 500 km al sur de Santiago.
“El epicentro está en tierra, luego no debiera haber tsunami”, fue la información que emanó de la Marina, a través de su Servicio Hidrográfico y Oceanográfico (SHOA), y que le fue entregada a Bachelet dos horas después del sismo.
En ese momento, la mandataria salió a informar a la atemorizada población que no había peligro de maremoto, pero pocos momentos después grandes olas arrasaron con pequeñas localidades costeras como Iloca, Duao, Constitución y Dichato, entre otras, donde se registraron la gran mayoría de muertos, lo que dejó un panorama desolador.
La pequeña isla de Robinson Crusoe, a 700 km de la costa chilena, también fue arrasada por las olas.

Morir en Constitución
“Muchos cadáveres están hinchados y mutilados, lo que dificulta su identificación. El hedor es terrible”, dice el teniente Gutiérrez en Constitución.
La lista escrita a mano sobre una amplia pizarra blanca, que este miércoles estaba apoyada contra la valla de la morgue, indica 78 muertos en esta ciudad como consecuencia del tsunami que arrasó las áreas bajas de este balneario marítimo chileno, un paraíso turístico antes del desastre. Y la cifra aumenta con el paso de las horas.
Entre ellos hay siete cuerpos no identificados en avanzado estado de descomposición –incluidos como NN–. La tarde precedente, el saldo de víctimas por las tres olas gigantes que se estrellaron contra Constitución en las primeras horas del domingo estaba en 51. Según un funcionario municipal, 20.000 de los 60.000 residentes de Constitución se quedaron sin hogar a causa del sismo.

Grupos de vecinos, muchos de ellos con máscaras a causa del olor nauseabundo, consultan regularmente la pizarra para conocer el paradero de familiares, amigos y vecinos.
En el aparcamiento hay un autobús con 15 flamantes ataúdes de madera, una donación de la Alcaldía, según indicaba un letrero garabateado sobre un cartón.
Pasó un coche fúnebre y un perro que estaba en la puerta empezó a ladrar sin cesar, excitado, cuando cuatro funcionarios forenses con atuendos blancos salían de la fría habitación trasladando cuatro bolsas plásticas con cadáveres.

Las bolsas fueron cargadas en un camión refrigerador, mientras el perro ladraba y correteaba a tontas y a locas.
“Necesitamos espacio para más”, afirma un funcionario. “Creo que el perro está reaccionando frente al olor de la muerte”, añade.
Constitución fue uno de los lugares más afectados de toda la costa chilena, donde tres enormes olas sucesivas borraron localidades enteras y redujeron a escombros las calles.

En las calles devastadas, varios hombres limpian los escombros con palas y carretillas al tiempo que helicópteros militares traen personal de rescate y ayuda para miles que carecen de agua, alimentos, medicinas y energía. Un barco de pescadores arrancado del mar y depositado en la cima de una casa aplastada da cuenta de la fuerza del agua que chocó contra el pueblo.
En la puerta de la morgue una mujer joven con lágrimas llegó a la búsqueda del tío de su marido, un hombre de mediana edad con parálisis en una pierna, cuya casa, en la primera línea del paso del tsunami, quedó reducida a la nada.
“Buscamos por todas partes, preguntamos a los vecinos, nadie lo ha visto”, dice Máxima Moreno Valdevenido. (Claire Rosemberg, Constitución- AFP)

Los alimentos llegan a zonas devastadas
Bajo la mirada de miles de soldados, la ayuda alimentaria empezaba a llegar a las zonas devastadas, con lo que el Gobierno espera desactivar una explosiva situación que se tradujo ya en violencia, saqueos y descontento tras el sismo y el tsunami que asolaron Chile.
Mientras que el Gobierno elevaba a 799 el balance de muertos, la preocupación se desplazaba a las zonas costeras, ante la evidencia de que el tsunami que siguió al sismo de magnitud 8,8 generó el mayor número de muertos y los más grandes estragos.

Pero es en Concepción, ciudad de medio millón de habitantes, 500 km al sur de Santiago, donde los mayores problemas de orden público se han presentado por los saqueos y pillajes, extendidos a otras regiones, lo que obligó a desplazar 14.000 militares para el control del área de desastre.
En la entrada de Concepción, camiones con toneladas de provisiones se concentran este miércoles bajo vigilancia militar, mientras se organiza el reparto en una ciudad que ha reclamado durante cuatro días que se le entregue alimento.
Voluntarios alistaban las bolsas de provisiones con dos litros de leche, latas de jurel, fideos, azúcar y salsa de tomate.

A las 12 del mediodía en punto, cuando terminó un toque de queda que duró 18 horas, cientos de pobladores se desplazaban hasta el Mall Plaza El Trébol, el centro comercial más importante de la ciudad, a la espera de recibir ayuda.
La circulación es difícil, sin taxis ni buses, comprobó la AFP.
“La red de distribución está operativa y el grueso de la ayuda comienza a llegar”, dijo el martes Carmen Fernández, directora de la Oficina Nacional de Emergencias (Onemi).

El desespero de la población y el aprovechamiento de algún sector generó en días pasados una situación de pillajes que obligó a militarizar la ciudad y ordenar un toque de queda por tercera noche consecutiva.
La medida de excepción rige también en otros seis municipios: Talca, Cauquenes, Constitución, Curicó, Molina y Sagrada Familia.
Escenas de guerra se han visto en Concepción, con tanquetas custodiando lugares estratégicos, mientras patrullas con soldados con armas en ristre recorrían las calles.

Pero ante la magnitud de los saqueos y pillajes, los vecinos se vieron obligados a unirse en grupos de autodefensa.
“Decidimos organizarnos para defendernos”, dice un hombre que fuma al pie de una fogata en la comunidad de San Pedro de La Paz. “Aquí las armas son palos y piedras”, agrega.
Un paramédico comenta que en las villas donde viven militares retirados se ha sugerido a los jefes de familia “dormir con las armas al alcance”.

Localidades cercanas a Concepción, como el puerto de Talcahuano, afectado por un tsunami, viven en penumbras y quedaron expuestas al pillaje.
“Por la noche vienen vándalos a meterse en nuestras casas que están expuestas. Así que juntamos todo lo que pudimos y prendimos fuego para calentarnos y así cuidar las cosas en la puerta de nuestras casas”, dice Antonio González en ese puerto.
Si Concepción daba la sensación de aislamiento, la situación parece más crítica en los balnearios de la costa del sur-centro de Chile, donde el maremoto se abatió con toda su fuerza.

Pulluhue, Cobquecura, Dichato, Constitución... son nombres de poblados arrasados por la fuerza del agua, y donde más hay desaparecidos. En las últimas horas la inquietud se ha incrementado sobre cientos de turistas que pasaban allí los últimos días del verano en casas o campamentos cerca del mar.
La situación fue peor para ellos porque mientras la mayoría de los habitantes se fueron a refugiar a las montañas luego del terremoto, los vacacionistas, desorientados y queriendo protegerse de la caída de escombros, escogieron la playa.
Mientras el país intenta levantarse de una de las mayores catástrofes de su historia, la presidenta Michelle Bachelet reconoció este miércoles que el sismo y el tsunami generaron un daño generalizado en el sector productivo, mencionando como sectores afectados la agricultura, el comercio, el turismo, la minería, la industria y la construcción. (Concepción-AFP)

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